EJEMPLO DE LACONISMO

ALCIBÍADES

Muestra Plutarco en la vida de Alcibíades un exquisito ejemplo de laconismo, que no he podido resistirme a trasladar a estas páginas.
Cuenta –siguiendo el relato de Jenofonte- que en una de las batallas de la guerra del Peloponeso, que enfrentó a Esparta contra Atenas, fue capturado un mensaje, escrito en dialecto laconio, en el cual los espartanos daban cuenta a sus éforos de la situación tras el combate:

Las naves están perdidas. Míndaro ha perecido. Los hombres tienen hambre. No sabemos qué hacer”.

¡¡¡Ahí es nada!!!
Julio, 2017

ME DUELE ESPAÑA

Habló aquél que se heredó a sí mismo. Habló el resucitado, no Pedro Snchz, sino Lázaro Estornudo, pues. Habló y –como no podía ser de otro modo- lo que soltó fue un flatus vocis, que inevitablemente nos trajo a la memoria la elaborada nadería del Bobo Solemne. España es una nación de naciones, dijo.
En pocos días hizo correr ríos de tinta. Pese a ello, no he conseguido leer –u oír- que algún periodista (y no digamos ya un tertuliano, epígonos de la especie que -bajo la denominación de charlatanes- ya alumbraba el siglo de las luces. Samaniego los definía:
“…pues el vulgo, pendiente de sus labios,
Más quiere a un charlatán que a veinte sabios.
Por esa conveniencia,
los hay al día de hoy en toda ciencia
que ocupan, igualmente acreditados,
cátedras, academias y tablados.”)
haya metido el dedo en la llaga y haya preguntado -o se haya preguntado-: Pero, Lázaro, ¿de qué naciones habla usted? ¿Podría citar, sin evasivas, sus nombres? ¿Podría decir, al menos, si todos los territorios que componen la Nación española forman parte, a su vez, de esas otras naciones; o si, por el contrario, hay territorios huérfanos que sólo pertenecen a una nación? Y, si es así, ¿cuáles son esos desdichados pueblos huérfanos? ¡Dígalos, atrévase! Conteste: ¿es Ceuta una nación? ¿Y La Rioja? ¿Y Extremadura? ¿Y Murcia?
Y, díganos también, ya que se trata de recuperar la soberanía perdida, ¿en qué momento histórico esas naciones a las que usted se refiere se constituyeron soberanas y cuándo perdieron su soberanía? Y así, por el estilo.
Nada parecido he oído o leído. Nadie lo ha preguntado y, él, el Resucitado, tampoco lo ha aclarado.
¡Faltaría más!, pues de lo que se trata es de engañar a la plebe. A unos con el mensaje: “reconozco vuestra singularidad, os reconozco nación”. A los otros, con lo contrario: “no os preocupéis, aquí todos somos iguales”.
De modo que cómo va a hablar claro. ¡Pero si es socialista, quiero decir, político! O sea, embaucador, embustero y cínico; que afirma una cosa aquí y la contraria allá.
Claro que el cuarto poder –tan apesebrado y sometido como los otros dos al único real, que es el ejecutivo partitocrático- ni bala ni rebuzna ni cocea. Mansamente, disimula y calla. Y está a verlas venir, en pose egipciaca; o sea, atento a recibir, ya sea de la derecha o de la izquierda.
Da pena este país, donde pronto –vamos en camino- no habrá sitio para los que no queremos marcar el paso al son del tambor. Para los que nos negamos a tragarnos la hostia de los sacrosantos dogmas de la izquierda más estúpida y sectaria. Sé de lo que hablo, pues mamé ese veneno, que la madurez me hizo vomitar, tarde. Este país está cada vez más cerca de hacer realidad esas horribles distopías que imaginaron Huxley o Bradbury u Orwell, bajo la apariencia de mundos felices.
Ya casi nadie se escandaliza de esos Consejos audiovisuales – que son los ojos y las orejas del Gran Hermano- que proliferan contra la libertad, bajo la excusa de la libertad. Casi nadie se escandaliza de la existencia de esas tenebrosas brigadas policiales podemitas que, como la de Madrid, persiguen sañudamente la opinión discrepante. Siempre la misma historia: la disolución del individuo en la masa. Siempre, para todos los totalitarismos, la misma excusa: el paraíso, un mundo feliz, la tierra prometida. La vida prometida.
Pobre España, tan moderna ya. ¡Ay de un país, cuando sus ciudadanos llegan a lamentar serlo y anhelar serlo de otro que no se le parezca en nada!
Como en el poema de Unamuno, me duele España. Yo que -como la izquierda cainita de hoy- te odié. Que odié tu nombre, tu historia, tu bandera, los símbolos de tu gloria…, me aflige ahora tu destino.
España se desmorona, estúpidamente, sin grandeza. ¿No hay quien se alce, se rebele y, al menos, grite?
 ¡Ay, España!

Junio, 2017

SOBRE LA SABIDURÍA PERIODÍSTICA

Hay veces que le da a uno rabia tener que reconocer la verdad en el aserto de aquél de quien se tiene una pobre opinión. Lo digo en referencia a ciertas declaraciones del inefable exconsejero De Llera –el Notorio detractor; como lo aludió la ebúrnea Alaya; o sea, el Nota-, cuya incontinencia verbal es proverbial.
Me ha sucedido con él en dos ocasiones: una, aquella vez que habló sobre jueces y fiscales, que le valió la reprobación del Parlamento andaluz (como si la reprobación de un Parlamento como este supusiese algún estigma; cuando, más bien, constituye justamente lo contrario: un estimable galardón, considerando la escasa honorabilidad de la Institución y de sus miembros, que han demostrado ser un mero y prescindible apéndice del Gobierno de un régimen inicuo. Parafraseando a Thoreau, la censura de un régimen tal sería el mejor encomio para un hombre decente. Aunque, en verdad, no sea éste precisamente el caso, tratándose de un destacado miembro de esa secta.)
Esa, digo, y esta otra muy reciente en la que arremetió contra los periodistas, a los que definió como un océano de sabiduría con un milímetro de profundidad. Fin de la cita; y que me perdonen aquéllos que no tienen cabida en la definición –que los hay, aunque escasos-. Es lo injusto de las generalizaciones.
Pues bien, la Agencia EFE aportó el 23 de junio una incontestable prueba de la certeza de las palabras del inefable Nota. Leí la noticia de la Agencia –sin firma- en El Mundo y en el ABC: Una niña de 2 años, muy grave tras ahogarse en una piscina comunitaria de Madrid. Y aunque el titular era de la Agencia, los medios que lo publicaron no se tomaron la molestia de corregirlo, ratificando el despropósito.
Cuando lo leí me acordé de una anécdota que se contaba sobre uno de mi pueblo con fama de zote y obtuso. Se contaba que siendo un chaval se cayó en uno de esos pilones, de escasa profundidad, que solía haber a la entrada de los pueblos para abrevar al ganado. Cuando ya hasta la ropa tenía seca, se le ocurrió acongojado preguntarle a la madre: ¡Máma! ¿Me ajogaré?
Al parecer los periodistas de nuestros días son como aquel paisano. Lo dijo el Nota. Sin comentarios.

Junio, 2017

RECUERDOS DE 15J

40 años, primeras elecciones después de cuarenta años de gobierno autoritario de los mismos.
Como aquí hoy, cuarenta años de los mismos y de lo mismo: atraso, sumisión, limosneo… Entonces, como ahora, en el vagón de cola de una Europa próspera y lejana, cada vez más lejana. Y un régimen omnipresente y opresor.
Recuerdo aquellos años sin nostalgia alguna. Al contrario. De aquello sólo quedó el sabor amargo de la frustración. Y el tiempo perdido.
Éramos jóvenes, y ya se sabe cómo son los jóvenes. Aristóteles, ¡cómo no!, lo clavó: “…todo lo hacen en exceso: aman en exceso, odian en exceso y en todo lo demás por el estilo. Creen saberlo todo y están absolutamente seguros…
Son confiados porque aún no les han engañado muchas veces, y esperanzados…También son engañadizos, pues se esperanzan con facilidad…”
Éramos jóvenes, y fuimos háb(v)ilmente utilizados. Tontos útiles, nos advertían los señores mayores con bigote de lápiz.
Yo fui candidato al Congreso de los Diputados. Como los partidos a la izquierda del PCE – junto con éste, la única oposición al franquismo- no habían sido legalizados, concurrimos (el Partido del Trabajo de España y Ezquerra Republicana de Cataluña) en una coalición electoral llamada Frente Democrático de Izquierdas. El programa electoral era similar a lo que hoy, cuarenta años más tarde, defienden los podemitas. O sea, contra todo: contra España, contra la Iglesia, contra el capital, contra los empresarios, contra los EE.UU…en fin, contra el género humano con la excusa de conducirlo –a la fuerza, quiera o no- a la Tierra Prometida.
No conservo ningún recuerdo material de aquello, salvo una casete que repartimos durante la campaña, con el himno de campaña del FDI (…a luchar, a vencer, con el Frente Democrático de Izquierdas…), el discurso grandilocuente del Líder Carismático (el camarada Eladio García, alias Ramón Lobato; que hoy –cómo no, como tantos otros de aquéllos- liba de la Gran Ubre) y unos tanguillos del camarada Manuel Gerena (…el martillito pa los de Industria y los derechos de la Mujer…). Recuerdo la publicidad en uno de los diarios (creo que Córdoba) y me da risa. Parecía, más que la presentación de una candidatura, un reclamo policial. Wanted. La banda de los barbudos. Fulano, 23 años, profesor, tantos años de cárcel…Mengano, 23 años, abogado, dos detenciones…Zutano, 25 años, empleado, le piden tantos años en Consejo de Guerra y en el Tribunal de Orden Público…Y es que, por lo que se ve, el principal mérito o requisito era haber visitado las mazmorras del régimen, o estar en trance de hacerlo.
Ni que decir tiene que no sacamos ni un diputado.
No sé lo que dirán hoy los diarios ni las televisiones. O mejor dicho, lo que habrán dicho, pues escribo esto en los últimos minutos del día. Me lo imagino. Pero los que vivimos aquello sabemos que se trata de un cuento. Otro cuento más, de los que la gente gusta que les cuenten. La ansiada democracia. La fiesta cívica. El ejemplo al mundo…
La realidad fue otra. Franco murió en la cama y el franquismo también. Se agotó el régimen, porque el franquismo era Franco. No había detrás ningún proyecto político; inicialmente lo hubo –el falangismo, fundamentalmente-, pero Franco se encargó de liquidarlo tempranamente.
Y entonces, en aquél 77, con el permiso de los que siempre mandan, surgieron como setas en otoño los amantes de la libertad y los antifranquistas sin Franco. El noble pueblo español. No es tan bonita esta historia, ¿verdad?
40 años. Si hacemos caso del tango, el doble de nada.
Junio, 2017

EVOCACIÓN


Curioseando en el perfil de wasap de miss Mary, me demoro en la contemplación de la foto que lo ilustra: una pelota de tenis entre los coloridos cojines. Sin duda, “su” pelota, pienso. Inmóvil –más bien petrificada, como una estatua-, condenada ya para siempre a la acinesia, y al olvido. Regurgito el dolor por los ojos; amargas lágrimas.
Y cavilo que, sin embargo, no bastaría, para aliviarlo, deshacerse de ella, digo de su pelota, de sus cosas. No serviría, me digo; todo quedó impregnado. En todos los espacios que habitó quedó su estigma. Contaminado todo, lo cotidiano evoca su memoria (y su desdicha): la huella de sus mordisqueos infantiles en las gafas de lectura, la pluma, el radiador, las gruesas cubiertas de los libros colocados en el plúteo inferior de la estantería… las naranjas yacentes –y aburridas, ahora- en el césped…
Cosas mudas que, paradójicamente, hablan de ella en su silencio. Extrañamente sigilosas, decía Borges:
“…ciegas y extrañamente sigilosas!
Durarán más allá de nuestro olvido;
no sabrán nunca que nos hemos ido.”


No saben que te fuiste. Nunca sabrán.


Mayo, 2017

EL NOTISMO, BÁLSAMO PARA LAS DESDICHAS

Nadie –desde la razón- puede estar del todo satisfecho y feliz en un mundo donde se impone la injusticia, el dolor y el sufrimiento, salvo que sea un desalmado. Un mundo donde los cuatro jinetes del apocalipsis no han tomado vacaciones un solo día, desde que la humanidad tiene memoria. Ni un solo minuto de paz universal ha conocido la especie humana desde su existencia. Parece, pues, que  guerra y humanidad son consustanciales. Ya lo dijo el griego: la vida es guerra; y un poeta nuestro, sabio y profundo, que dio nombre a unas lentes, lo sentenció: “La guerra es de por vida en los hombres, porque es guerra la vida…”. Del mismo modo, el hambre, la miseria, la enfermedad y el sufrimiento, indeseables -e inseparables- parientes de la vida.
Así las cosas, la sabiduría popular, que en el fondo no gusta engañarse, acuñó el dicho de que sólo los tontos y los locos son felices. Aristóteles había venido a decir lo mismo, aunque, como es natural, de modo más elegante y sutil: el carácter melancólico es propio de las personas inteligentes. Hipótesis exaltada a la categoría de arte por genios como Lars Von Triers o Woody Allen.
Frente a ello, es sabido que la religión actúa, si no como antídoto, como paliativo, aportando consuelo o resignación ante la angustia existencial.
Hay, sin embargo, personas a las que no les ha sido otorgada la gracia de la fe, o a las que por rebeldía intelectual se les atragantan en la razón las religiones trascendentes. ¡Qué más quisiéramos muchos de éstos que estar equivocados y que existieran, por el contrario, esa otra vida o vidas futuras, donde se premie a los justos y se castigue la maldad de los réprobos!
Algunos de éstos (los descreídos, no los réprobos), entre los que me hallo,  hemos encontrado, no obstante, un remedio al aparente dilema: el arte elevado a la categoría de religión. Y no me refiero a la naturaleza redentora del arte, que tiene la virtud de elevar el espíritu y ennoblecer las acciones humanas.
Me explico: No sé cuántos seremos los que admiramos la genialidad de la película El gran Lebowski y a su protagonista; pero a alguno se le ocurrió pensar que el sentimiento de admiración no expresaba la realidad del fenómeno; lo que muchos sentíamos por el estilo de vida del Nota se describía mejor con la expresión fervor religioso. Y así, en el año 2011, surgió el Dudeísmo, también llamado Notismo. Religión cuya doctrina no ofrece consuelo en otra vida futura ni exige resignación ante las penalidades de la presente; y cuyo profeta, cómo no, es el Nota, o Su Notísima. Su dogma sólo contiene un precepto: buscar la felicidad en las cosas sencillas de la vida.
Y no admito que nadie traiga a colación a Lao Tsé o a Epicuro, ¡hasta ahí podríamos llegar, compararlos con el Nota! El Notismo no se revuelca en el lodo del hedonismo, ni es tan trascendente como el Taoísmo. Está, como señaló Aristóteles, en el punto donde se halla la virtud: en el justo medio.
Así que, ya que no podemos ser plenamente felices, procuremos, al menos no desaprovechar los momentos de felicidad que podemos hallar en las cosas más simples y cotidianas. En el nombre del Nota, que así sea.

Mayo, 2017

ESTAMPAS ROMANAS, 6

Cuentan que Miguel Ángel, durante los cuatro años en que estuvo pintando la bóveda de la Capilla Sixtina, no permitió que nadie, incluido el mismísimo Julio II, observara el desarrollo de sus trabajos. Está en nuestro recuerdo la película de Carol Reed El tormento y el éxtasis y el papa Julio II (Rex Harrison) increpando furiosamente al artista (Charlton Heston): ¿¡¡¡¡Cuándo terminarás!!!?, y éste, con una mezcla de hieratismo, soberbia y cólera contenida: ¡Cuando acabe!
Y se cuenta también que, pese a ello, Rafael Sanzio, con quien rivalizaba por los favores del papa, consiguió furtivamente –solo o en compañía de otros- quebrantar el hermetismo impuesto por Miguel Ángel. Y dicen –yo lo he oído contar; o mi imaginación va más allá de lo aceptable- que, ante el prodigio que se ofrecía a sus ojos, sólo dijo dos palabras: posso eguagliare; no se sabe si movido por el orgullo, por la envidia o por la admiración, o por una mezcla de tales cosas. No se le ocurrió, pues, que la obra pudiese en modo alguno mejorarse. Tratándose del juicio del pintor más grande del momento, sus dos palabras decían: es una obra perfecta. No hay palabras para describir tanta belleza, ni tanta genialidad concentrada en tan poco espacio.
Contemplando a la sibila cumana –a la que sólo Virgilio ha dado nombre: Deífobe- me conmuevo aún más. Se aprecia el cruel contraste entre la decrepitud del rostro de ésta y la lozanía y belleza angelical de la de Delfos; Miguel Ángel hizo honor al mito, según el cual Apolo castigó las pretensiones de la sibila concediéndole la longevidad, más no la juventud.
Fuente: Dominio público. Wikimedia
Y, cómo no, recuerdo los bellos versos de la Eneida que hablan de ella, y, sobre todo, el fatal augurio que desvela a Eneas:
¡Guerras son lo que miro, horribles guerras,
sangre en el Tíber, aluvión de sangre!
Causa de tanto mal será de nuevo
una mujer extraña a los troyanos,
y el tálamo otra vez de una extranjera.
Augurio que en nada sorprendió a Eneas, según nos sigue contando Virgilio; y, desde luego, mucho menos a Horacio, que antes de la Eneida –y de las desgracias acaecidas a los troyanos por causa de tres extranjeras: Helena, Dido y Lavinia-, ya apuntó en sus Sátiras que “…ya antes de nacer Helena, la vulva de la hembra había sido causa de tristísimas guerras…”
Hoy, por desgracia, no es el amor o el despecho la causa de las guerras, sino el odio, la ambición, el fanatismo, la estupidez…

Mayo, 2017